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El fútbol callejero en los 90’s

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El deporte en nuestra época era nunca mejor dicho un quiero y no puedo. Mis primeros partidos de fútbol fueron en la calle Isabelo de Jerez, justo detrás del hotel Sherry Park, era más un deporte de riesgo que un simple partidillo. Imaginaos intentar hacer un regate y de reojo ver si te da tiempo a irte del contrario por velocidad sin que llegue el coche que ves venir de lejos, bueno tampoco era para tanto, parabas el partido, saludabas y seguías, pero el rollo de la jugada ya no era el mismo, para más riesgo, siempre tenías que tener en cuenta al coche que le pegabas el balonazo, si era el de tu padre no había problema pero si le dabas al viejo cascarrabias ya podías salir corriendo, otro factor a tener en cuenta era la famosa “ley de la botella” (si la tiras vas por ella), en este caso el asunto se ponía serio ya que dependiendo de la casa el porcentaje de perder el balón para siempre era muy alto, primero e indispensable para recuperar el balón era que los dueños no estuviesen en la casa, segundo que no tuviese perro y tercero que fuese escalable, en todo caso si el balón había roto alguna maceta o algún cristal lo mejor era la técnica de la dispersión y cada uno para su casa.

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Después me mudé a un bloque con zona común cerrada y aquello me pareció “Maracaná’, en menos de 100 cm cuadrados disponía de telefonillos para llamar a otros niños para jugar al fútbol y montar un mundialito de clubes (Eloy, Ale, Kodro, Sergio Grande, Sergio Chico, Pedro,…), pero no creáis que era todo jauja, existían las “jardineras”, benditas “jardineras”, que eran la obra maestra de “Antonio, el Portero” (el de mantenimiento de toda la vida). Si el balon caía en la jardinera y “Antonio” estaba dentro del campo de visión ya lo podías dar por perdido, ya podías tener el “etrusco” que ese iba para el cuartillo, además era de esas personas que no lo hacían como medida disuasoria, es que el tío disfrutaba, aquel cuartillo bien podía haber sido el de cualquier campo de fútbol municipal de un pueblo mediano , allí había balones de todos los colores y calidades .

Poco a poco fuimos creciendo y nos hicimos profesionales, entonces empezamos a jugar partidillos contra los de otras urbanizaciones y claro…si ya nos miraban mal a nosotros dentro del bloque imaginaos la que se podía liar si llevábamos a gente de fuera , en estos casos decidíamos colarnos en los colegios, grandes campos de futbito, con líneas , porterías e incluso en el mejor de los casos fuente para beber agua , el único problema era que había que saltar una valla de 2’5 metros y que si te lesionadas dentro te las tenías que buscar para salir.

Pero sin duda el mayor torneo al que podia aspirar cualquier jugador de la zona era al “Torneo del Chucheguay”, era un torneo que organizaba una tienda de chucherias de San Joaquín, eso si que era fútbol moderno, con pista de futbol “de legal”, con su horario y equipos con amagos de equipación .

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Pese a todo y contra todos hemos jugado al fútbol y lo mejor de todo era que no lo hacíamos como un ejercicio de lucha contra la opresión ni chorradas de ese tipo, lo hacíamos por instinto y porque las cosas funcionaban así, y a nuestra generación no le fue tan mal sino miren la edad de los que ganaron el Mundial y la Eurocopa de fútbol .

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Publicado en Relatos.

Zurdo ngombe

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