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Mi primer amor #AmoresdeVerano

Sonaban las chicharras sin tregua y hacia un calor sofocante, de hecho aquella segunda semana de Julio era la mas calurosa desde que se tenían registros de las temperaturas, y de eso hacía más de 80 años.

En época de vacaciones la urbanización quedaba vacía, de ahí que Víctor, un chico de once años, matara el tiempo en jugar con sus chapas del Tour de Francia, imaginando como Miguel Indurain se escapaba junto a Claudio Chiappucci en el Tourmalet. En la urbanización había piscina pero sin amigos con los que jugar, más que entretener, servía para aliviar el calor.

Esa mañana se intuia en la urbanización una nueva jornada de calor asfixiante y horas interminables cuando por sorpresa apareció Cristina Mergé. Era una niña de su colegio, un año mayor que el y bastante popular. Era la típica niña rubia, guapa y carismática que volvía locos a todos los niños del colegio, de ahí que Víctor por poco se desmayara cuando ella le saludo por su nombre. Acababa de mudarse a la urbanización y no tardo mucho en darse cuenta de que aquel verano iba a ser muy largo.

Pasaron tres días hasta que ella se acercó a Víctor preguntando – ¿Es normal este aburrimiento? ¿Como pasas el tiempo aquí solo?.

A lo que Víctor respondió – Suelo jugar a las chapas y a veces cazo lagartijas a las que alimento buscando insectos.

Ella no pudo aguantar la risa dando a entender que sus actividades eran chiquilladas, pero a Víctor no le extrañó. Cristina Mergé era novia de Valero, el chico más popular del colegio, era un vacilón y se mofaba de todo aquel que pasase por su lado. Por supuesto contaba con su séquito de pelotillas.

Ambos pasaban los recreos riendo y hablando en las gradas de las pistas de baloncesto. Víctor se solía preguntar de qué hablarían todos los días durante el recreo. Para Víctor el recreo era inventar juegos con sus compañeros.

Ella solía bajar sola a la piscina con una toalla y un walkman para escuchar música como si el mundo no fuera con ella.

Un día ella se acercó a Víctor interesada por aquellas chapas de ciclistas. Él la miro confuso intentando adivinar a qué se debía esa inesperada aparición.

Ella soltó – ¿Y con estas chapas que haces?

Víctor sabía que respondiera lo que respondiera ella iba a mofarse igualmente así que optó por no andarse con rodeos y explicar en qué consistía su juego de chapas. Él cogió la chapa de Miguel Indurain con la palma de la mano y terminó diciendo – Pero este verano está siendo un rollo ya que juego yo contra mi mismo.

Sorprendentemente ella dijo – ¿Me dejas probar?. Y cogiendo la chapa de Gianni Bugno empezó a seguir el camino de tiza.

Víctor iba recordándole las reglas sobre la marcha y poco a poco empezó a ver como la cara de aquella chica que postulaba a adolescente brillaba de alegría y disfrutaba comportándose como una niña.

Al final la tarde, en un intento de restablecer su estatus, ella dijo – No digas a nadie en el colegio que he estado jugando a esto contigo.

A la mañana siguiente Víctor estaba aún en su cuarto, en verano le solían dar las diez y media durmiendo pero esta vez su madre fue a levantarlo asomando la cabeza tras la puerta con cara de asombro – La chica nueva de la urbanización ha venido a buscarte.

Víctor dio un brinco de la cama, se colocó el bañador y se paso la mano por el pelo como colocándoselo. Cuando bajó las escaleras se encontró con una Cristina Mergé sonriente y balanceando un bote de cristal con una mano exclamó – ¡Me dijiste que tú sabías qué comían las lagartijas!

El resto del verano lo pasaron juntos en la urbanización. Cuando no hacían concurso de volteretas en la piscina jugaban a esconder cosas entre las jardineras que el otro tenía que encontrar y el día que uno de los dos faltaba por compromisos de sus padres fuera de la urbanización el otro se quedaba solo y aburrido, de alguna manera habían tenido que hacer equipo para soportar aquellos meses de verano. En el fondo sabían que esa amistad tenía fecha de caducidad y llegaría al comenzar el colegio.

Los Viernes por la noche el padre de Víctor solía hacer barbacoa pero esta vez fue diferente ya que invitó a sus abuelos y a sus tíos. No es que no los viese a menudo pero no era normal que viniesen a casa solo para cenar.

Durante el transcurso de la cena su padre quiso hablar a todos los presentes. Víctor sorprendido por la situación observó a sus abuelos primero y sus tíos a continuación buscando respuestas y observo en sus caras que ya intuían la noticia.

Su padre con la voz entrecortada dijo – Me acaban de proponer un ascenso está semana y debo incorporarme a principios de mes en la sucursal del norte.

Aquellas palabras cayeron como una losa sobre Víctor ya que esas palabras conllevaban abandonar la ciudad de manera repentina. Esa noche no pego ojo imaginando como Cristina Mergé encajaría la noticia. El miedo principal no era abandonar la ciudad sino imaginarse un escenario en el que Cristina Mergé tuviese una reacción indiferente en mayor o menor medida. Sería la prueba determinante de que lo que estaba viviendo este verano era una ilusión. Al fin y al cabo en Septiembre ella volvería a ser una chica popular y el uno más del montón.

A la mañana siguiente ella fue a casa de Víctor a buscarle pero vio que la cara con la que bajaba las escaleras de su casa era diferente.

Al enterarse de la noticia, dio cinco segundos de tregua esperando que Víctor sonriera para comunicarle que todo era una broma. Acto seguido rompió a llorar y mirando fijamente a Víctor a los ojos beso sus labios durante varios segundos y acabo diciendo – De todos los chicos con los que estaré, tu siempre serás “mi primer amor de verano”

 

 

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Publicado en Relatos.

Zurdo ngombe

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